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Teoría del proceso emocional del estrés y del trauma psicológico desde la perspectiva de la Metaprogramación Cognitiva.

A partir de la observación de cientos de casos, los cuales estamos documentando, hemos desarrollado un modelo propio del proceso emocional del estrés y del trauma psicológico. Este modelo se constituye a través de una visión tridimensional teniendo en cuenta la perspectiva neurofisiológica, cognitiva y conductual de la experiencia conflictiva.

 

A continuación se desarrollará un presentación de las tres perspectivas del proceso emocional del estrés para continuar con el trauma psicológico:

 

En primer lugar presentamos el enfoque neurofisiológico el cual se basa en el modelo del procesamiento de la experiencia emocional del estrés propuesto por LeDoux (1999) mediante el cual el núcleo amigdalino y el hipocampo se coordinan para lograr una secreción de hormonas del estrés óptima para activar los mecanismos incondicionados de supervivencia.

 

Desde una perspectiva conductual, la segregación de las hormonas del estrés activan el sistema nervioso simpático y el organismo se prepara para la acción, ya sea atacar o huir del peligro. Cuando la acción ha terminado, se asimila la experiencia y se activa el sistema nervioso parasimpático que permite que el organismo recupere su estado de orden inicial.

 

A nivel cognitivo, el procesamiento humano de la información se centra fundamentalmente en la supervivencia del organismo y para ello necesita comprender lo que está sucediendo en el medio. Los tres conjuntos de datos requeridos para la comprensión de la experiencia son datos sobre el suceso, sobre la conducta y sobre el resultado (S-C-R). Nuestra hipótesis es que sólo cuando obtenemos estos 3 conjuntos de datos podemos asimilar la experiencia a nivel prototípico y modelarla para que nos sirva de información predictiva en un futuro. Por el mismo motivo cuando una experiencia conflictiva nos impide obtener el conjunto de datos que necesitamos para asimilarla la experiencia se considera incompleta e inacabada, y los mecanismos parasimpáticos de recuperación del orden homeostático inicial no se activarán completamente hasta que la experiencia finalice. 

 

Cuando experimentamos una crisis en el procesamiento de la información emocional, lo que comunmente se llama trauma, hemos de tener en cuenta los siguientes procesos:

 

El núcleo amigdalino y el hipocampo regulan la liberación de las hormonas del estrés y se activan las vías simpáticas para afrontar el estresor mediante respuestas incondicionadas de supervivencia.

 

Cognitivamente evaluamos el suceso y nos preparamos para la acción:

 

1. Si nos enfrentamos a la adversidad y superamos la adversidad, obtendremos todos los datos (S-C-R) y la experiencia será asimilada. Solo entonces se activarán completamente las vías parasimpáticas para que nuestro cuerpo recupere el orden inicial.

2. Si huimos de la adversidad, la experiencia será parcialmente asimilada. Tendremos la información necesaria sobre este acontecimiento (S-C-R), sabremos como huir pero no tendremos control sobre el estresor y nuestra supervivencia seguirá en riesgo, motivo por el cual la adversidad seguirá estresando nuestro organismo. Así que la experiencia se mantendrá activa, manifestando miedo y se convertirá en un foco atencional que mantendrá una activación estresante en nuestro cuerpo.

 

3. Si al exponernos a la adversidad, nos paralizamos. Esto sucede porque cognitivamente estamos concluyendo que dicha respuesta aporta una mayor seguridad para nuestra supervivencia que las respuestas incondicionadas que se están manifestando a través de la vía simpática. 

 

La orden de realizar diferentes tipos de respuesta está dada e iniciada en muchas partes de nuestro organismo: Aumento del ritmo cardiaco, dilatación de las pupilas, aumento del flujo sanguíneo, nuestros músculos se tensan… Pero al bloquear la conducta el proceso queda cortado. Tenemos la información sobre el suceso, pero no se está procesando la parálisis como una conducta y en consecuencia no se registra ni la conducta ni el resultado de la experiencia, la cadena está incompleta.

 

Por este motivo el suceso sigue activo, la información no está asimilada y la vía parasimpática no se activa puesto que espera a que la vía simpática finalice. Nuestro cuerpo no puede recuperar el equilibrio después del acontecimiento, manteniendo la tensión acumulada en diferentes zonas de nuestro cuerpo: Faringe, esófago, diafragma, estómago, brazos, manos, piernas… Ahí es cuando decimos que tenemos un nudo en la garganta, presión en el pecho o una bola en el estómago.

 

A nivel cognitivo, la extrema duración del acontecimiento en estado de estrés máximo provoca que la amígdala y el hipocampo se bloqueen ya que no están obteniendo el feedback necesario para terminar su función y así finalmente no asimilan correctamente la experiencia. Por este motivo suceden los problemas de memoria en los TEPT. La experiencia sigue activa, no está asimilada y por ello no puede ser ni comprendida ni recordada plenamente. La experiencia se ha iniciado, pero no ha culminado. Los procesos iniciados no pueden desarticularse y se mantendrán así, activos pero en un estado latente las horas, meses o años que sean necesarios hasta que el organismo encuentre una resolución para terminar el acontecimiento.

 

 

Cuando hablamos de un conflicto interno hacemos referencia a una experiencia que no ha culminado. Los diferentes focos de tensión activos en los diferentes tejidos de nuestro cuerpo representan metafóricamente la herida emocional que dicho conflicto nos ha causado.

 

Frente a este conflicto, la estrategia natural de resolución de nuestro organismo es realizar activaciones de conjuntos estimulares similares a los del conflicto original para facilitar la activación completa del conflicto, reactivar los procesos iniciados e intentar culminarlos. Las dos vías que el organismo utiliza para resolver el conflicto son mediante la exposición en los sueños y mediante la exposición a experiencias similares (conflictos reflejo) que se repiten una y otra vez en nuestra vida.

 

Desde la perspectiva de la Metaprogramación Cognitiva hemos diseñado dinámicas que permiten la identificación y la activación del conflicto original. Para ello,  verificamos el estado de dicho conflicto mediante dinámicas proyectivas realizadas en diferentes ejercicios de visualización. Estas dinámicas nos aportan los puntos de referencia necesarios para tener el control del desarrollo del proceso de asimilación de la experiencia conflictiva.

 

Complementamos estos ejercicios con dinámicas de liberación emocional que nos permiten liberar los diferentes focos de tensión activos para finalmente culminar la experiencia que quedó abierta, facilitando su asimilación y logrando la activación de la vía parasimpática, la cual ayudará a que los diferentes tejidos y áreas nerviosas recuperen de nuevo el equilibrio devolviendo el bienestar a nuestro cuerpo.

Alexandre Escot,

Creador de la MC y presidente de la AIMC.

- LeDoux, J. (1999). El cerebro emocional. Editorial Planeta Argentina, S.A.I.C, Buenos Aires, Argentina. pp. 267-270.